NOVENA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Día 1 — La hermana enfermedad
Reconocer nuestras heridas
Signo: una venda o tela blanca
1. Monición inicial
Hermanos, iniciamos este camino hacia el Tránsito de nuestro hermano Francisco de Asís. Francisco llega al final de su vida marcado por el dolor y la enfermedad. Sin embargo, no permite que el sufrimiento tenga la última palabra. Aprende a recibirlo desde la fe y llega incluso a llamarlo “hermana”.
Hoy también queremos reconocer nuestras propias heridas: las personales, las familiares, las comunitarias y aquellas que hemos causado a nuestra casa común. Que este primer día nos ayude a mirar nuestras heridas con esperanza y a ponerlas en las manos de Dios.
2. Oración inicial
Altísimo y buen Señor:
Tú que acompañaste a Francisco en sus últimos días,
mira nuestras heridas y nuestros dolores.
Enséñanos a vivir el sufrimiento con fe,
a acompañar al que sufre
y a descubrir que incluso en nuestras fragilidades
podemos encontrarnos contigo.
Haznos sensibles ante el dolor de nuestros hermanos
y ante las heridas de nuestra casa común.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
3. Lectura franciscana
Leyenda Mayor de san Buenaventura XIV, 2
“A fin de que el varón de Dios fuera creciendo en el cúmulo de méritos que hallan su verdadera consumación en la paciencia, comenzó a padecer tantas y tan graves enfermedades, que apenas quedaba en su cuerpo miembro alguno sin gran dolor y sufrimiento. Al fin fue reducido a tal estado por estas variadas, prolongadas y continuas dolencias, que, consumidas ya sus carnes, sólo parecía quedársele la piel adherida a los huesos. Y, a pesar de sufrir en su cuerpo tan acerbos dolores, pensaba que a sus angustias no se les debía llamar penas, sino hermanas.”
4. Reflexión según la encíclica Laudato Si’, numeral 2
Francisco no negó el dolor. Lo atravesó desde la confianza en Dios.
También nuestra casa común está herida. El documento recuerda, desde Laudato Si’, que la tierra, el agua, el aire y los seres vivos manifiestan las consecuencias de nuestras acciones.
“La hermana tierra clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.”
5. Signo
Se coloca una venda blanca en el primer punto del camino.
El animador dice:
“Señor, sana nuestras heridas y enséñanos a acompañar las heridas de los demás.”
6. Pregunta para reflexionar
¿Qué herida necesito poner hoy en las manos de Dios?
7. Gozos
V. Imagen del Redentor con sus llagas señalado.
R. De Cristo crucificado, alcánzanos el amor.
Vuestro nacimiento ha sido
por Dios al mundo anunciado,
de sus luces ilustrado,
de las tinieblas, temido:
Quiso apagar nuestro ardor
el horror desordenado.
R. De Cristo crucificado, alcánzanos el amor.
Desde tu Oriente Jesús
quiso dar a conocer,
que una copia habías de ser
de su vida y de su cruz:
Por esto naciste flor
en pesebre despreciado.
R. De Cristo crucificado, alcánzanos el amor.
De las gracias en la fuente
es un Ángel tu padrino,
y otro por orden divino
te entalla la cruz luciente;
desde tu primer albor
apareciste cruzado.
R. De Cristo crucificado, alcánzanos el amor.
Cuando la Pasión divina
es todo vuestro adorar,
sois enviado a reparar
de las iglesias la ruina:
Insigne reparador,
toda ruina has reparado.
R. De Cristo crucificado, alcánzanos el amor.
8. Oración final
Señor Jesús,
recibe nuestras heridas.
Sana nuestro corazón cuando esté herido,
danos fortaleza cuando llegue el sufrimiento
y haznos hermanos cercanos de quienes padecen.
Todos:
San Francisco de Asís, enséñanos a abrazar nuestras fragilidades con fe.
